Meditación para la sanación interior

Por Daniel Franco Carrillo

¿Quién soy? En los talleres de meditación que he compartido a lo largo de mi camino, he recibido muchas respuestas a la anterior pregunta, aquí algunas de ellas: soy un hombre, soy una mujer, soy madre, padre, soy doctor, soy carpintero… otros tratando de reafirmarse dicen: soy una persona con sueños y esperanzas, otros que al parecer leyeron alguna teoría espiritual dicen: soy un ser de luz, soy un hijo de Dios, pero, ¿Quién soy, por encima de cualquier estereotipo, rol, genero, teoría o creencia? ¿Cuál es mi identidad profunda? Cualquier cosa que te diga podría constituirse en una creencia más, otra teoría tal vez novedosa para unos o demasiado trillada para otros. La invitación que te hago es a indagar, experimentar, vivenciar. Hombre Conócete a ti mismo, estaba escrito en el Dintel del Templo de Delfos. Existen herramientas que si se entrenan con constancia pueden acercarnos a esa gran verdad de lo que realmente somos, una de esas herramientas, y para muchos la única, es la meditación.

No hay nada nuevo, nada sale de la nada; la experiencia mística de meditadores  de diferentes tradiciones espirituales que han sondeado en la profundidad de su propia identidad y mi propia experiencia como meditador y buscador de esa realidad profunda del Ser, me han puesto en el camino de formular estas afirmaciones que pongo a consideración de quien le pueda parecer interesante, con la esperanza de que sean contradichas o complementadas o sean totalmente destruidas con ideas novedosas y así se arroje más luz sobre este importante tema como lo es la capacidad que tenemos los seres humanos de cambiar desde nuestro interior para mejor. Nombres, definiciones, a veces son necesarios, tanto como lo pueden ser para el caminante una brújula, una señal en el camino o un mapa; pero luego de orientarse, el explorador debe hacer su camino y eventualmente construir su propio mapa.

La Esencia, La Conciencia, El Ego

La Esencia es lo que yo soy, el testigo neutral, con capacidad de ver, aprender y crecer. La mirada de la esencia es Conciencia, es luz que ilumina mis tinieblas, pero primero debo aprender a mirar en mi interior, la mirada se puede entrenar con entrenamiento Mindfulness, aprendiendo a sostener la presencia en cada momento de mi cotidianidad y en mi Meditación formal diaria.

 

El ego:  Las tradiciones espirituales afirman que la raíz del dolor en el ser humano es el ego, el ego es energía esencial, que, bajo los moldes de la educación, el entorno y la genética, hace lo siguiente: <<estructura energía de mi esencia, construyendo mal formaciones psíquicas que siguen nutriéndose de más energía esencial para crecer y fortalecerse, el ego se nutre de la misma energía que le serviría a la esencia para crecer y fortalecerse>> (Jorge Eduardo Medina Barranco.)  <<El ego es ese afán humano de autoafirmarnos y de apropiarnos absolutamente de todo>> (Pablo D'ors)



El ego y la esencia son parte de lo que yo soy como dos caras de una misma moneda, porque al ego lo creé con la energía de mi esencia, es energía concientiva pero estructurada de forma que no conviene ni a mí ni a los que me rodean, ¿entonces por qué odiar, señalar, rechazar, esconder, desterrar, reprimir, hablar mal de algo que es necesario reestructurar y reintegrar a mi ser para completarme y crecer? Entonces concluyo: Yo soy esencia, pero también soy el ego.

 




Meditación para sanar nuestro interior

La siguiente práctica de Meditación para sanar nuestro interior, no es la primera ni la última palabra que se dice respecto a este tema y que en algunas tradiciones espirituales se le ha denominado como muerte mística. 

 

 La Practica: Siéntate con la espalda recta sin recostarte en el espaldar de la silla con los pies bien plantados en el piso y las rodillas formando un ángulo de 90 grados, puedes apoyar tus manos sobre las piernas o si quieres puedes hacer un mudra. 

 

Atiéndete, percibe tu interior, vuelve a ti, vuelve a tu presencia, respira dándote cuenta, vuelve a la percepción de tu ser, siéntelo en tu pecho, en tus brazos en tus manos, el cuerpo es el puente y la respiración atenta es el anclaje al momento presente, recuerda, tu eres la esencia, la presencia y el ojo que mira; tu mirada atenta es la conciencia; es el órgano de la atención y la luz que alumbra cualquier oscuridad en tu interior.  Atiende lo que sucede... en tu interior, inhala y exhala dándote cuenta. Percibe la fuerza de gravedad que jala tus vísceras hacia abajo, date cuenta que tu cuerpo pesa, mantente así, vive este momento, este momento es eterno

 

Ahora en la plenitud de tu presencia si quieres puedes trabajar en aquello que sientas necesidad de cambiar, la necesidad de cambiar algo en la psiquis surge de <<experimentar la distancia existente entre los ideales y la propia vida>> (Construir La Fraternidad, Jorge Medina Barranco). Empieza entonces por ponerle atención a las sensaciones, que te causan molestia y que acompañadas del pensamiento cotidiano van surgiendo apenas intentas meditar y hacer silencio; ya sea que creas saber a qué escenas de tu vida están ligadas estas sensaciones o no sepas de donde vienen, atiende esa sensación... intensamente, abrázala con tu atención plena, ponle tu mirada íntima, no le busques significado, ni justificación, no la condenes, no la rechaces, renuncia a todo conocimiento o comprensión previa que creas tener al respecto, renuncia a todo lo que tengas en tu cabeza, incluido la teoría del karma, centros psico-físicos, Inteligencias múltiples, pecado, vergüenza o culpa, atiende eso que sientes, no lo pierdas de vista, en la parte de tu cuerpo que la sientas, con la mirada de tu conciencia. En este punto intentar razonar para entender lo que te sucede, es tratar de desprogramarte con tus propios programas.

 

La Mirada: Debes aprender a mirar hacia adentro, con interés, la mirada no se trata de visualizar algo, si no de sentir, con atención, sin buscar dar una explicación al fenómeno que estás sintiendo, mira hacia adentro poniendo atención a lo que sientes, donde y como se siente, pero sin tener que narrártelo, o  describírtelo o explicarlo a ti mismo o a alguien más, menos aún tener que condenar, rotular, reprimir, rechazar, negar o justificar, solo basta con tomar plena conciencia de cómo es que se siente lo que sucede, recuerda: eres el testigo silente y neutral.

Aceptación: Aceptación de lo que está sucediendo, aceptación de lo que existe y vive en mí, no significa que soy permisivo con el error, significa que dejo de negar, dejo de ocultar, dejo de reprimir una realidad que, aunque no me gusta de mí mismo, simplemente admito que existe y me responsabilizo por ella.

Compasión: Uno de los grandes dones de la meditación es la compasión, no solo compasión hacia los demás, sino sobre todo compasión consigo mismo, porque sólo se da de lo que se tiene, pero mientras aprendemos a ser compasivos, empecemos por ser amables consigo mismos y con los demás. La compasión surge de manera natural apenas notamos que estamos sufriendo, como cuando nos golpeamos un dedo y la mano opuesta corre a acogerlo con amor y compasión para aliviar el dolor.

Sanación: Apelo a mi capacidad de amar. Eso que he observado y de lo que estoy plenamente conciente lo acojo con amor y amabilidad hacia mí mismo, lo abrazo con mi amor y compasión, para integrar a mi ser esa energía que ha estado separada de mí, por lo general el resultado es la adquisición de algo que no se puede explicar, es como sentirse poderoso o pleno, pero cada quien tendrá su experiencia y el otro resultado es la cesación del dolor, de la molestia, de la obsesión, del pensamiento repetitivo, de la costumbre, etc. y habrá cosas que necesitarán varias sesiones de mirar y mirar hacia el interior y acoger y acoger con la capacidad de amar y la compasión y otras que desaparecerán y sanarán rápidamente. 

 

Debo insistir que esta no es una práctica mental, no se trata de imaginar o de visualizar algo, se trata de percibir y de aceptar mi realidad interior, acepto lo que es, lo que existe y con actitud curiosa tomo total conciencia de ello para finalmente acogerlo, transformarlo e integrarlo a mi ser.

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