Introducción a la Meditación

Texto adaptado de curso de la EEDT.

¿Qué es la Meditación?

La meditación es una práctica, un ejercicio que consiste en enfocar la atención de forma consciente y voluntaria. 


Tal definición de meditación puede parecer un tanto simple, pero no es así. Cuando conseguimos concentrar la atención en un foco, la habitual dispersión sensorial que dispara la mente hacia millones de pensamientos, como lava de un volcán en todas las direcciones, experimenta un sereno aquietamiento y los sentidos se amplían hacia el interior y la consciencia deviene autoconsciencia.

La práctica de la meditación ha llegado hasta nosotros de la mano de las tradiciones espirituales, especialmente las tradiciones orientales, pero no de forma exclusiva, dado que ha sido utilizada en el ámbito de la práctica espiritual y religiosa a lo largo de la historia, un ámbito en el que se han experimentado los procesos de interiorización y auto análisis.


Cuando procedemos a comparar estas tradiciones, descubrimos un hilo conductor en las prácticas que toca especialmente el mundo emocional, la empatía, la compasión y la experiencia no dual.


Esta práctica está presente en la historia de la humanidad atestiguada desde hace más de 3.000 años. ¿Qué nos aporta el acercamiento a estas tradiciones? Sobre todo, el testimonio de quienes han meditado, así como una aproximación a los elementos que sustentan la práctica y su correcta utilización.

Tengamos en cuenta, que aunque el punto de partida y la técnica meditativa son relativamente sencillas, sin embargo es la práctica continuada la que conlleva toda una serie de experiencias internas, emociones, sentimientos y sobre todo comprensión que amplían la consciencia y transforman la persona.

Respecto a la Meditación, el Maestro Gnóstico Jorge Eduardo Medina Barranco dice: “Estudios científicos actuales han demostrado que algunas técnicas de meditación pueden ayudar a mejorar la concentración, la memoria, mejorar el sistema inmunitario y la salud en general, disminuyendo el estrés y generando una sensación de paz y bienestar”. 


Pero estos beneficios podríamos decir que son el valor agregado de la práctica de la meditación, que como veremos después tiene su razón científica. Pero hay algo más…


Para aquellos que así lo sientan, la meditación es también un soporte y una ventana maravillosa para iniciar un camino espiritual. No sólo por lo que significa de ejercicio psicológico, sino porque tiene dimensiones y capacidades que van más allá de la mente sensual. 


La mente sensual es la interpretación que hace la mente de la realidad, a partir de la información que le suministran los 5 sentidos.  Por ello los místicos de todas las épocas y lugares han utilizado La Meditación como medio para conectar con el espíritu y librarse de las falsas percepciones que oscurecen la claridad de la mente. 


Por eso el Maestro Jorge Eduardo Medina Barranco también dice: “La gran aventura interna comienza con la meditación. Esta es la puerta de entrada a los parajes secretos de tu mundo interno. Es el método que te lleva al contacto con tu propia fuente de vida. Cuando decides meditar, estás encaminándote al reino de la luz y del amor, porque solo en lo profundo de tu corazón encontraras el equilibrio y la felicidad que has estado buscando”.


Resultado de algunos estudios de las Neurociencias:


Se está demostrando que la meditación tiene múltiples beneficios para la salud que afectan a distintos aspectos de nuestro organismo.


Nivel estructural del sistema nervioso:


Aumento de las conexiones neuronales. Ciertas áreas del neocórtex se transforman, incluso se ha podido constatar un aumento de tejido especialmente en las áreas vinculadas con la atención y la integración de las emociones positivas, como ha demostrado el estudio realizado por los profesores Ulrich Ott y Britta Hölzel del Masachussetts General Hospital o la Doctora Sara Lazar entre otros muchos.

Otros estudios muestran como en los estadios meditativos, disminuye la actividad en unas zonas (amígdala) y aumenta considerablemente en otras, principalmente las responsables de las emociones positivas (área prefrontal izquierda del neocortex)


Nivel bioquímico y celular:


También la ciencia nos ha mostrado la influencia de la meditación a nivel fisiológico. En un estudio realizado por el UCDavis Center for Mind and Brain coordinado por el profesor Clifford Saron demostró que los cambios psicológicos positivos provocados por la meditación están relacionados con un aumento de la actividad de la telomerasa, enzima presente en células, en tejidos fetales y en ciertas células madre, que permite el alargamiento de los telómeros (extremos de los cromosomas). 


Además, la telomerasa resulta esencial para el mantenimiento de la salud celular del organismo.


Nivel psicológico:


Todos los cambios recogidos en los apartados anteriores tienen una correlación a nivel psicológico que ha sido precisamente lo que ha hecho de la meditación un instrumento potente y eficaz en la búsqueda del sentido de la vida, de la estabilidad emocional y, en último término, de la felicidad.


 La vida es un reto permanente, ya que mantener un  organismo tan complejo en continua supervivencia es algo absolutamente asombroso. En definitiva, sabemos que este proceso tiene fecha de caducidad y esto es una fuente de conflicto y de miedos permanente. 


Nuestro cerebro está programado para anticiparse a los riesgos, evaluarlos y adoptar las medidas que favorezcan la supervivencia, por ello hay algo que le bloquea y genera un conflicto con el consiguiente sufrimiento asociado: la incertidumbre. 


La incertidumbre es una fuente de estrés, de tensión, de ansiedad, y de desequilibrio. Por ello, la humanidad a lo largo de la historia ha ideado formas de evitar la incertidumbre: mitos, rituales, magia, etc. los cual, en algunos casos ha conducido a conductas dañinas. 


Frente a esta situación, la meditación se abre como un camino alternativo, ya que penetra en el corazón mismo de la incertidumbre invadiéndola de consciencia, y es de esta manera como reduce los niveles de estrés y ansiedad y favorece la relajación.


La meditación nos ayuda a detener el proceso de anticipación mental y a situar la consciencia en el momento presente.


Meditar no va asociado necesariamente a algún tipo de práctica religiosa o camino espiritual determinado. Es evidente, que han sido las tradiciones espirituales las que a lo largo de la historia la han transmitido. 


Sin embargo, la meditación es una práctica natural por medio de la cual el ser humano amplía y profundiza el flujo de la atención hacia los procesos internos.


La palabra sánscrita que en occidente hemos traducido por meditación es dhyâna, que consiste en una práctica o ejercicio que predispone a un estado de experiencia no dual denominado samadhi. 


Este término dhyâna, significa concentrar la mente. Así pues, la meditación es una práctica espiritual que consiste en dirigir y concentrar la mente en un punto o foco (la respiración, el simple silencio, una imagen, un sonido, observación pura sin elección, etc.) manteniendo el estado de atención plena ante los procesos interiores que aparecen y desaparecen desde una postura corporal que sostiene tal estado durante un tiempo suficientemente prolongado. 


Así pues, tomemos consciencia de que nuestra atención puede quedar fijada en el mero hecho de ser o existir. Algo que constituye un momento crucial en la existencia del ser humano y por eso mismo, la meditación se hizo una práctica tan apreciada por las tradiciones espirituales.


El momento en el que la consciencia no es consciente ni del pasado (recuerdos), ni del futuro (deseos y proyectos), ni siquiera es consciente de “algo”, es decir, de un objeto, sino del mero hecho de existir: consciencia del ser consciente.


Esa vivencia produce una especie de revolución interior que cambia totalmente el modo de experimentar la realidad. Simbólicamente, este paso se ha descrito como “entrar en el corazón”. Y es una experiencia en la que se mezclan las aguas de la consciencia de la vigilia con el inconsciente. 


El verdadero espíritu de la práctica meditativa es el vacío de todo deseo y expectativa, ya que cualquier deseo nace del apego: lo que en la tradición zen se conoce como Mushotoku (sin meta ni intención). 


No se medita para conseguir algo. No hay un fin último por el que se practica. Afianzar la meditación como una decisión personal de estar aquí y ahora, dedicando este tiempo simplemente a estar. Quietos, inmóviles y nada más.


Es una forma de decir ante los deseos: NO. Yo estoy aquí. Sólo me importa este momento. La Práctica meditativa trata de sumergir la conciencia en el universo, empezando por nuestro cuerpo. Piel, carne, sangre, tendones, huesos, vísceras adoptando una postura consciente se convierten en universos que emergen en el aquí y ahora.

Los 7 puntos claves de la postura meditativa


1.     Los pies y rodillas plantados firmemente  en tierra: porque son tu base, el sostén del equilibrio, tus puntos de contacto con la tierra, la firmeza de tu posición.


 2.    La espalda recta para evitar quedarse dormido, pero empujando la zona de los riñones hacia adelante con el fin de conservar la curvatura natural de la columna.


3.    La coronilla recta como una flecha hacia el cielo junto con la columna como un llamado a la lucidez.


 4.    La barbilla un poco hacia adelante y ligeramente inclinada hacia  la garganta con el fin de no forzar la columna y conservar un estado de atención


 5.     Hombros relajados, manos y brazo cayendo en forma natural sobre el regazo, el mudra con los dedos que no es más que un gesto que simboliza la búsqueda para entrar en una dimensión sagrada, cual es, la del silencio interior y contemplación del propio ser interior profundo.


 6.    Ojos entreabiertos con la mirada a 45 grados hacia el piso con el fin de evitar ensoñaciones.


 7.    Cara relajada, labios sueltos pero cerrados, los ojos que no estén apretados, la boca y los dientes que no estén apretados, punta de la lengua en el paladar y labios esbozando una leve sonrisa, con el fin de que no hayan tensiones que impidan la relajación y a la vez la firmeza del cuerpo, firme como la montaña y ligero como la pluma.

Actitud Durante La Meditación

Atención a la respiración y atención al cuerpo.


Los pensamientos llegan pero yo estoy ocupado atendiendo la sensación del roce del aire con la piel de mis fosas nasales, la forma como se expanden y contraen mis pulmones.


Atiendo mi cuerpo me siento habitando debajo de la piel de mi cuerpo, aquí y ahora, recorro mi cuerpo como una oleada de atención de los pies a la cabeza, de la cabeza a los pies. 


La Separación Interior


Estamos tan abrazados a los pensamientos que somos uno con ellos y hasta llegan a ser nuestra forma de identidad con el mundo.


La atención al cuerpo y a la respiración da como resultado que la conciencia se separe del flujo de pensamientos y se convierta en Testigo de los pensamientos, en observador imparcial de lo que sucede, de lo que es. 


Al principio es un juego; como estar de observador a la orilla de un rio y ver pasar los troncos que lleva la corriente, de repente pasa un tronco muy llamativo y me monto en él, pero luego me doy cuenta que he dejado de ser observador para identificarme y me bajo del tronco y vuelvo a la orilla a mi puesto de observador.


La conciencia separada de los pensamientos, se puede posar en observar el flujo de pensamientos, se puede posar en percibir el cuerpo, se puede posar en el vacío que va quedando entre un pensamiento y otro o en la realidad de simplemente SER.


La meditación sentada e inmóvil es una experiencia que se busca para vivir de forma consciente durante un breve período de tiempo. Los sentidos quedan como en suspensión. Los ojos se entornan, no se atiende a los ruidos ni a las sensaciones de calor o frío, etc. Es como una mini-muerte temporal en la que la conciencia se abre a la esencia del SER.


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Comentarios: 1
  • #1

    Lorena (domingo, 19 noviembre 2017 12:04)

    Que bello escrito, gracias por transmitir este bella practica, que se puede volver una manera de ser y estar en mundo.